Una pareja de largo recorrido se enfrenta a la verdad en mitad de un verano caluroso; dos amigas que son casi una misma persona, pero para quienes el mar no es exactamente lo mismo; un almuerzo compuesto de entrañas en el que se dirimirá quién hace mejor las cosas; una mujer que excava con sus propias manos en busca de más espacio; una turista con el tobillo roto que ya no puede caminar con su familia; la última mañana de una pareja que aún se ama.
Los personajes de estos seis relatos habitan un territorio confuso entre el amor y el desamor, la vida y la muerte, la plenitud y un moderado bienestar, la fragilidad y el destino. A su alrededor hay cavidades, cuevas y abismos, a veces imaginarios, y otras no tanto: una hendidura profunda en la tierra o en la carne. Es a través de estos huecos que Eider Rodríguez se asoma, con maestría y feroz clarividencia, a aquello que corre bajo la superficie desgastada de los afectos, desde las mínimas asimetrías y ambigüedades que agrietan las relaciones hasta la felicidad perdida, iluminando con su prosa árida y clara las incómodas y desconcertantes emociones con las que traficamos cada día.
La crítica ha dicho:
«Los
cuentos son tristes, pero en todos hay una chispa, un brillo, a veces en
forma de satisfactorio sexo extraconyugal, otras de gamberrada con
amigas. Hay algo consolador en algunos, como que amigas y familiares
canten la canción favorita de la enferma terminal a coro, debajo de la
ventana. Rodríguez mide cada palabra, se pasea por el alambre como una
equilibrista, concentrada hasta la pirueta final que siempre le sale muy
bien».
Aloma Rodríguez, La Lectura, El Mundo
«Era todo el mismo hueco
es una reflexión profunda, en ocasiones visceral, de quiénes somos en
realidad. En un mundo en el que todos tenemos que cumplir un papel, en
el que las mujeres siguen encadenadas a ciertos roles y ciertos patrones
de comportamiento, la soledad y falta de una identidad propia son
capaces de destruirnos».
Ángeles López, Zenda
«Qué
suerte tenemos de que nuestra realidad haya colapsado en espacio y
tiempo con la de Eider Rodríguez. Lo bueno de tener un nuevo libro de la
autora vasca es que ante nosotros se despliega el privilegio de
adentrarnos en los universos que imagina. [...] Leerla es como si
alguien llegara y nos limpiara bruscamente las gafas. Ese gesto
supuestamente cariñoso no buscará aliviarnos, sino revelar una verdad
tan nítida como cruda. ¿Lo malo de este libro? Solo hay seis relatos, y
se acaban».
Noelia Ramírez, Babelia, El País
Sobre la autora y su obra:
«Los sentimientos que se exponen [...] son aquellos con los que tenemos amueblados nuestros corazones».
Juan José Millás
«La
realidad no es la forma desvaída en la que la recordamos, sino un
brillo de belleza y dolor en cada línea de los cuentos de Eider
Rodríguez».
Belén Gopegui
«La maestría de Eider Rodríguez consiste en revelarnos una verdad que nos asusta porque también es la nuestra».
Nacho Vegas
«La
prosa de Eider Rodríguez, deslumbrante y afilada, nos ayuda a imaginar,
pensar y sentir nuestra propia relación con la violencia no desde la
denuncia moral o la ideología, sino desde espacios afectivos de
incomodidad e incertidumbre».
Edurne Portela




